Fotografía de Mascotas: Galgo descansando

Un galgo cualquiera. Este se llama Leo, y yo le adoro, pero podría tener mil nombres.
En su mirada hay recuerdo, también en sus gestos. Pero tras años de maltrato y desolación, por fin le toca descansar en un sofá, tranquilo, sin miedos.

Aquí os muestro unas imágenes que para mi representan un mundo. El mundo del amor incondicional, la paz, el todo.Galgo descansando 2-LorenPhotography Galgo descansando 3-LorenPhotography Galgo descansando-LorenPhotographyEn el que ahora es su hogar, se muestra tranquilo y seguro.

Como otros tantos animales abandonados, que tienen una segunda oportunidad.

Me encanta poder formar parte de estos momentos. Ellos nos tienen a nosotros, nosotros tenemos mucho, y hay que compartirlo.

Seguro que a ti también te apetece tener un recuerdo para el futuro, otro más, mediante imágenes.  Ponte en contacto conmigo, y cuéntame lo que sientes. Lo que sentís los dos. Seguro que conseguimos que, gracias a la sensibilidad, el resultado sea especial e inolvidable.

Ilustrando música

Como siempre, en colaboración con Literatura en los talones , una nueva entrega de Ilustrando música.

Ésta vez, tumbada en la cama contemplo la luna, y envuelta en su embrujo caigo en sueños. Y estos vienen a mí sin máscaras, desnudos y hermosos, y me invitan a ignorar las leyes del espacio y el tiempo. Sucumbo a su influjo y me desdoblo en el espejo. Y sin motivo aparente, aquí donde la razón no gobierna, persigo un viejo libro escaleras arriba, hasta un cuarto en el que otros libros descansan a la espera. Y al verlos emparejados descubro que no es solo un cuarto, sino un dormitorio, y sé entonces que los libros también duermen, y también sueñan. Y miro por la ventana, y con sólo desearlo me encuentro entre las flores, rodeada de hierba. Y veo almendros y rosales. Y cuando miro a mis pies ya no estoy en el campo, sino en la playa, y el mar me saluda, y guijarros de colores se deslizan entre mis dedos, suaves, agradables, y me parecen instantes de mi vida, cada piedra un pequeño recuerdo. Y con los pies mojados alzo la cabeza y contemplo un cielo infinito, y parece una sábana al vuelo que un viento travieso haya separado de su lecho. Y el azul se cubre de amarillos y grises mientras las olas compiten por ser las primeras en tomar tierra. Y cuando voy a rendirme a ellas siento una fuerza que tira de mí y me aleja de sus cantos, y vuelvo a casa por prados verdes, bajo cielos de algodón. Y oscurece. Y ya estoy dentro, y al mirar a la ventana Lola arruga su hocico felino y me reprocha con un gesto mi ausencia. Y a punto ya de despertar se produce un último prodigio y una flor diminuta se convierte en un gran ramo, y me prometo entonces no olvidar este sueño. Y abro los ojos y me encuentro de nuevo con la luna, que me sigue observando, y oigo un susurro, y busco, y es la cálida brisa del verano, que flirtea con las cortinas.

Medito unos instantes. Ladeo la cabeza y miro el libro que reposa sobre la mesilla. Y recuerdo los últimos versos leídos esa noche. Las palabras del viejo poeta quedan impresas en mi cabeza para siempre:

“Nunca dejes de soñar, porque en sus sueños, el hombre es libre”.

 

Ojalá fuera tan sencillo para todos. Mientras, con ésta canción, lo intento.