Ilustrando música

Como siempre, en colaboración con Literatura en los talones , una nueva entrega de Ilustrando música.

Ésta vez, tumbada en la cama contemplo la luna, y envuelta en su embrujo caigo en sueños. Y estos vienen a mí sin máscaras, desnudos y hermosos, y me invitan a ignorar las leyes del espacio y el tiempo. Sucumbo a su influjo y me desdoblo en el espejo. Y sin motivo aparente, aquí donde la razón no gobierna, persigo un viejo libro escaleras arriba, hasta un cuarto en el que otros libros descansan a la espera. Y al verlos emparejados descubro que no es solo un cuarto, sino un dormitorio, y sé entonces que los libros también duermen, y también sueñan. Y miro por la ventana, y con sólo desearlo me encuentro entre las flores, rodeada de hierba. Y veo almendros y rosales. Y cuando miro a mis pies ya no estoy en el campo, sino en la playa, y el mar me saluda, y guijarros de colores se deslizan entre mis dedos, suaves, agradables, y me parecen instantes de mi vida, cada piedra un pequeño recuerdo. Y con los pies mojados alzo la cabeza y contemplo un cielo infinito, y parece una sábana al vuelo que un viento travieso haya separado de su lecho. Y el azul se cubre de amarillos y grises mientras las olas compiten por ser las primeras en tomar tierra. Y cuando voy a rendirme a ellas siento una fuerza que tira de mí y me aleja de sus cantos, y vuelvo a casa por prados verdes, bajo cielos de algodón. Y oscurece. Y ya estoy dentro, y al mirar a la ventana Lola arruga su hocico felino y me reprocha con un gesto mi ausencia. Y a punto ya de despertar se produce un último prodigio y una flor diminuta se convierte en un gran ramo, y me prometo entonces no olvidar este sueño. Y abro los ojos y me encuentro de nuevo con la luna, que me sigue observando, y oigo un susurro, y busco, y es la cálida brisa del verano, que flirtea con las cortinas.

Medito unos instantes. Ladeo la cabeza y miro el libro que reposa sobre la mesilla. Y recuerdo los últimos versos leídos esa noche. Las palabras del viejo poeta quedan impresas en mi cabeza para siempre:

“Nunca dejes de soñar, porque en sus sueños, el hombre es libre”.

 

Ojalá fuera tan sencillo para todos. Mientras, con ésta canción, lo intento.

 

Ilustrando música

Crecer, convertirte en adulto, es un ejercicio de equilibrio. Has de compensar lo que pierdes con lo que vas ganando. Como un funambulista en el alambre, debes igualar el peso de las cosas que el tiempo te arrebata con el de aquellas que te otorga, mover con destreza la barra de equilibrio para llegar al otro lado de la vida sin caerte. Pero a veces… A veces miramos atrás y recordamos lo perdido, aquella mirada limpia, aquella manera diferente de ver las cosas, cuando todo era aún nuevo. Y entonces desearíamos volver.
Volver a ser un niño.
Gracias de nuevo a Literatura en los talones por hacerme el honor.

Ilustrando música

Confiesa Pessoa en las páginas del Libro del desasosiego que todo él es nostalgia. Nostalgia anónima, excesiva, incomprendida; pero no de otros tiempos, sino del presente. Y yo le creo. Le creo porque he visto emociones transformarse en personas, y a personas convertirse en sentimientos.

La música tiene la facultad de alterar la percepción de quien la escucha, la fotografía de recuperar el recuerdo y disfrazar de presente lo que pertenece al pasado. La fusión de ambas invita a abrir las ventanas de la imaginación y derribar las barreras del tiempo.

Os invito a realizar un viaje nostálgico por el presente con este vídeo realizado por un amigo al que agradezco infinitamente su interés por mi trabajo. Es responsable del interesante blog Literatura en los talones, donde hace crítica de libros con su peculiar visión de las cosas, pero sobre todo, disfruta de la literatura.

Todo eso será un día
materia de recuerdo y de nostalgia.
Volverá, terca, la memoria
una vez y otra vez a estos parajes,
lo mismo que una abeja
da vueltas al perfume
de una flor ya arrancada:
inútilmente.

Ángel González, de Empleo de la nostalgia